terça-feira, 21 de abril de 2009

SALVATORE QUASIMODO











SALVATORE QUASIMODO
(Retrato de Serena Maffia)
Trad. Geraldo Holanda Cavalcanti



JÁ SE DESPRENDE A MAGRA FLOR



Nada saberei de minha vida
escuro monótono sangue.


Não saberei quem amei, quem amo
agora que aqui contido, reduzido a meus membros,
no gasto vento de março
enumero os males dos dias desvendados.

Já se desprende a magra flor
dos galhos. E eu contemplo
a paciência de seu vôo irrevogável.



IMITAÇÃO DA ALEGRIA



Ali onde as árvores fazem
a tarde ainda mais abandonada
indolente
sumiu teu último passo,
como a flor que mal se mostra
sobre a tília e insiste em viver.

Buscas sentido para teus afetos,
encontras o silêncio em tua vida.
Outro destino me revela
o tempo refletido. Pesa-me
como a morte, a beleza que agora
noutras faces brilha.
Perdida está toda coisa inocente
mesma nesta voz, sobrevivente
a imitar a alegria.

A amurada

E já na amurada do estádio,
entre fendas e tufos de erva pênsil,
as lagartixas correm como raios;
e a rã retorna às águas dos canais,
canto-chão das minhas noites distantes
de aldeia. Tu recordas este sítio
onde Vênus saudava nosso encontro
de sombras. Ó querida, quanto tempo
com as folhas dos álamos se foi,
quanto sangue pelos rios da terra.


A MINHA PÁTRIA É A ITÁLIA

Mas os dias se afastam dispersos
e mais retornam ao coração dos poetas.
Além, os campos da Polónia, a planura de Kestno
com as colinas de cadáveres que ardem
em nuvens de nafta, acolá os arames farpados
para o lazareto de Israel,
o sangue entre os detritos, o exantema tórrido,
a cadeia dos pobres já mortos há muito tempo
e fulminados à beira das fossas abertas por suas próprias mãos,
ali, Buchenwald, o suave bosque de faias,
os seus fornos malditos, além, Estalinegrado,
e Minsk sobre os pântanos e a neve putrefacta.
Os poetas não esquecem. Oh a multidão dos vis,
dos vencidos, dos perdoados por misericórdia!
Tudo se transforma mas os mortos não se vendem.
A minha pátria é a Itália, o inimigo estrangeiro,
e eu canto o seu povo, e também o pranto
coberto pelo rumor dos mares,
o límpido luto das mães, canto a sua vida.

E DE REPENTE É NOITE
...
Cada um está só no coração da terra
trespassado por um raio de sol:
e de repente é noite.

AVIDAMENTE ESTENDO A MINHA MÃO
...
Na pobreza da carne, como sou,
eis-me, Senhor: poeira da estrada
que o vento mal levanta em seu perdão.
...
Mas se afilar não soube noutro tempo
a voz primitiva ainda tosca,
avidamente estendo a minha mão:
dá-me da dor o pão cotidiano.

PENA DE COISAS QUE NEM SEI
...
Densa de brancas e de negras raízes
cheira a fermento e a vermes
a terra talhada d´água.
...
Pena de coisas que nem sei
em mim rebenta: não basta uma morte
se, escuta, mais vezes me pesa
no coração, com sua relva, um pedaço de terra.

CURVA-SE O DIA
...
Eis-me desamparado, Senhor,

no teu dia,
cerrado a toda luz.

...
De ti privado tenho medo,
perdida estrada de amor,
e não me é dada nem mesmo
a graça de trêmulo confessar-me
tão seca é a minha vontade.

...
A ti amei e combati;
curva-se o dia
e colho sombras dos céus:
que tristeza o meu coração
de carne!

...
ANTIGO INVERNO
...
Desejo de tuas mãos claras
na penumbra da chama:
sabiam a roble, a rosas;
a morte. Antigo inverno.

...
Buscavam milho os pássaros
e eram súbito de neve;
assim as palavras.
Um pouco de sol, um halo de anjo,
e logo a névoa; e as árvores,
e nós feitos de ar na manhã.

...
E O TEU VESTIDO É BRANCO
...
Tens a cabeça baixa e me olhas:
e o teu vestido é branco,

e um seio aflora de entre as rendas
soltas do teu ombro esquerdo.

...
A luz me supera; treme,
e te toca os braços nus.

...
Revejo-te. Tinhas
palavras poucas e breves,
que punham alma
no peso de uma vida
que sabia a circo.

...
Profunda era a estrada
por onde o vento descia
certas noites de inverno,
e nos despertava estranhos
como na primeira vez.

...
TERRA
...
Noite, serenas sombras,

berço de ar,
chega-me o vento se por ti divago,
com ele o mar cheiros da terra
onde canta na praia minha gente
às velas, às nassas,
às crianças antes da aurora despertadas.

...
Montes secos, planícies de relva nova
que espera manadas e greges,
tenho dentro o vosso mal que me escava.




QUASIMODO, Salvatore. Poesias. Edição bilingüe. Seleção, tradução e notas de Geraldo Holanda Cavalcanti. Rio de Janeiro: Record, 1999.




Poemas de Salvatore Quasimodo:




Nota del traductor:

"He procurado respetar al máximo la personal escritura del autor, que a menudo fuerza la sintaxis, establece concordancias insólitas, suprime comas y artículos o altera drásticamente el orden habitual de los términos en frases que evocan la oratoria clásica o buscan una distanciadora distorsión del lenguaje. Esto, unido al hermetismo de algunos poemas, hace en ocasiones muy difícil la lectura de Quasimodo, y para el traductor supone la continua tentación de «clarificar» o «normalizar» el original; y lo pongo entre comillas porque con ello, en realidad, se dañaría irreparablemente una poesía que recurre con toda deliberación (y con notable eficacia) a la oscuridad, la ambigüedad y aun la violencia sintáctica.
Me he esforzado, pues, por ceñirme lo más fielmente posible a los textos originales, optando por una literalidad a menudo áspera y abstrusa siempre que la alternativa era caer en la vileza recurrente del traduttore-traditore: la «interpretación».
En algunos -pocos- poemas en que Quasimodo utiliza la tradicional métrica italiana de endecasílabos y heptasílabos, he procurado respetarla con un mínimo sacrificio de la literalidad. (Es el caso de los cuatro poemas consecutivos «A mí, peregrino», «Se oye de nuevo el mar», «Elegía» y «De otro Lázaro».)
Por otra parte, la enorme dificultad que ofrece la versión de algunos poemas se compensa con la facilidad de otros, diáfanos, que la afinidad entre el italiano y el castellano permite traducir casi a vuelapluma, palabra por palabra, por lo que espero que, en conjunto, esta antología permita al lector hispanoparlante una aproximación satisfactoria a uno de los más grandes poetas contemporáneos".

Carlo Fabretti






DE "AGUAS Y TIERRAS":


Antiguo invierno

Deseo de tus manos claras
en la penumbra de la llama:
sabían a roble ya rosas,
a muerte. Antiguo invierno.

Buscaban el mijo los pájaros
y enseguida eran de nieve;
e igual las palabras.
Un poco de sol, un estrellón de ángel,
y luego la niebla; y los árboles,
y nosotros hechos de aire en la mañana.

* * * * *

LAMENTO POR EL SUR

La luna roja, el viento, tu color
de mujer del Norte, la llanura de nieve...
Mi corazón está ya en estas praderas,
en estas aguas anubladas por la niebla.
He olvidado el mar, la grave
caracola que soplan los pastores sicilianos,
las cantilenas de los carros a lo largo de los caminos
donde el algarrobo tiembla en el humo de los rastrojos,
he olvidado el paso de las garzas y las grullas
en el aire de las verdes altiplanicies
por las tierras y los ríos de Lombardía.
Pero el hombre grita en cualquier parte la suerte de una patria.
Ya nadie me llevará al sur.

Oh, el Sur está cansado de arrastrar muertos
a la orilla de las ciénagas de malaria,
está cansado de soledad, cansado de cadenas,
está cansado en su boca
de las blasfemias de todas las razas
que han gritado muerte con el eco de sus pozos,
que han bebido la sangre de su corazón.
Por eso sus hijos vuelven a los montes,
sujetan los caballos bajo mantas de estrellas,
comen flores de acacia a lo largo de las pistas
nuevamente rojas, aun rojas, aun rojas.
Ya nadie me llevará al Sur .

Y esta tarde cargada de invierno
es aún nuestra, y aquí te repito
mi absurdo contrapunto
de dulzuras y furores,
un lamento de amor sin amor.

Versión de Carlo Fabretti

* * * * *

También se aleja mi compañía

También se aleja mi compañía,
mujeres de ghetto, juglares de taberna,
entre los que pasé tanto tiempo,
y está muerta la joven
de ardiente rostro perenne
untado de aceite de la masa ácima
y oscura carne de hebrea.

Tal vez haya cambiado también mi tristeza,
como si yo fuese no mío,
por mí mismo olvidado.

* * * * *

Tú llamas una vida

Fatiga de amor, tristeza,
tú llamas una vida
que dentro, profunda, tiene nombres
de cielos y jardines.

Y fuese mi carne
lo que el don del mal transforma.





DE "OBOE SUMERGIDO":

Convalecencia

Siento amor convertirse en otra muerte
ignota para mí, pero más lenta,
que a menudo me empuja hacia sus formas.

Abandono de alga:
me busco en los oscuros acordes
de profundos despertares
en orillas densas de cielo.

El viento se injerta
dócil en mi sangre,
y es ya voz y naufragio,
manos que renacen:

manos entrelazadas o palma con palma unidas
en distendida renuncia.

Tiene miedo de ti
el corazón seco y doliente,
infancia imposeída.

* * * * *

De tierna mujer echada entre las flores

Se adivinaba la estación oculta
por el ansia de las lluvias nocturnas,
por los cambios de las nubes en el cielo,
undosas leves cunas;
y yo estaba muerto.

Una ciudad suspendida en el aire
era mi último exilio,
y en torno me llamaban
las suaves mujeres de otros tiempos,
y la madre, renovada por los años,
con su dulce mano escogía entre las rosas
y con las más blancas ceñía mi cabeza.

Afuera era de noche
y los astros precisos seguían
ignotos caminos en curvas de oro
y las cosas vueltas fugitivas
me llevaban a rincones secretos
para hablarme de jardines abiertos de par en par
y del sentido de la vida;
pero a mí me dolía la última sonrisa

de tierna mujer echada entre las flores.

* * * * *

Nacimiento del canto

Manantial: luz resurgida:
hojas arden róseas.

Yazgo sobre ríos colmados
donde son islas
espejos de sombras y de astros.

Y me arrolla tu regazo celeste
que nunca nutre de alegría
mi vida diferente.

Muero para volver a tenerte,
aunque sea desilusionada,
adolescencia de los miembros
enfermos.

* * * * *

Oboe sumergido

Avara pena, tarda tu don
en esta mi hora
de suspirados abandonos.

Un oboe gélido deletrea de nuevo
alegría de hojas perennes,
no mías, y olvida;

en mí anochece:
el agua tramonta
en mis manos herbosas.

Alas oscilan en ronco cielo,
lábiles: el corazón transmigra
y yo estoy yermo,

y los días son escombros.

* * * * *

Otoño

Otoño manso, yo me poseo
y me inclino ante tus aguas para beber el cielo,
suave fuga de árboles y abismos.

Áspera pena del nacer
me encuentra unido a ti;
yen ti me quebranto y repongo:

pobre cosa caída
que la tierra recoge.







DE "ERATO Y APOLO":

Canto de Apolo

Noche terrenal, en tu exiguo fuego
me complací alguna vez
y descendí entre los mortales.

Y vi al hombre
inclinado sobre el regazo de la amada
escuchándose nacer,
y transformarse entregado a la tierra,
las manos juntas,
abrasados los ojos y la mente.

Yo amaba. Frías eran las manos
de la criatura nocturna:
otros terrores acogía en el vasto lecho
donde al alba me despertó
un aleteo de palomas.

Luego el viento depositó hojas
sobre su cuerpo inmóvil;
se alzaron sombrías las aguas en los mares.

Amor mío, yo aquí me aflijo
sin muerte, solo.

* * * * *

En el preciso tiempo humano

Yace en el viento de profunda luz
la amada del tiempo de las palomas.
De mí de aguas de hojas,
sola entre los vivos, oh dilecta,
hablas; y la desnuda noche
tu voz consuela
de lucientes ardores y leticias.

Nos decepcionó la belleza, y la desaparición
de toda forma y memoria,
el lábil movimiento revelado a los afectos
a imagen de los internos fulgores.

Pero de tu sangre profunda,
en el preciso tiempo humano,
renaceremos sin dolor.

* * * * *

Sílabas a Erato

A ti se pliega el corazón en soledad,
exilio de oscuros sentidos
en el que transmuta y ama
lo que ayer parecía nuestro
y ahora está sepultado en la noche.

Semicírculos de aire resplandecen
en tu rostro; te me apareces
en el tiempo que la primera ansiedad aflige
y me vuelves blanco, lenta la boca
a la luz de la sonrisa.

Por tenerte te pierdo
y no me aflijo: todavía eres bella,
quieta en dulce posición de sueño:
serenidad de muerte extremo gozo.







DE "NUEVAS POESÍAS":

El alto velero

Cuando vinieron los pájaros a mover las hojas
de los árboles amargos junto a mi casa
(eran ciegos volátiles nocturnos
que horadaban sus nidos en las cortezas),
alcé la frente hacia la luna
y vi un alto velero.

Al borde de la isla el mar era sal;
y se había tendido la tierra y antiguas
conchas relucían pegadas a las rocas
en la rada de enanos limoneros.

Y le dije a mi amada, que en sí llevaba un hijo mío
y por él tenía siempre el mar en el alma:
«Estoy cansado de estas olas que baten
con ritmo de remos, y de las lechuzas
que imitan el lamento de los perros
cuando hay viento de luna en los cañaverales.
Quiero partir, quiero dejar esta isla.»
Y ella: «Querido, ya es tarde: quedémonos.»

Entonces me puse a contar lentamente
los vivos reflejos de agua marina
que el aire me traía a los ojos
desde la mole del alto velero.

* * * * *

Imitación de la alegría

Donde los árboles aún
más desolada hacen la tarde,
al tiempo que indolente
se ha desvanecido tu último paso,
aparece la flor
en los tilos y persiste en su suerte.

Buscas una explicación a los afectos,
pruebas el silencio en tu vida.
Otra ventura me revela
el tiempo reflejado. Aflige
como la muerte, la belleza
ya en otros rostros fulmínea.
He perdido toda cosa inocente,
incluso en esta voz, que sobrevive
para imitar la alegría.

* * * * *

Ya vuela la flor seca

No sabré nada de mi vida,
oscura monótona sangre.

No sabré a quién amaba, a quién amo,
ahora que aquí restringido, reducido a mis miembros,
en el corrompido viento de marzo
enumero los males de los días descifrados.

Ya vuela la flor seca
de las ramas. Y espero
la paciencia de su cuelo irrevocable.







DE "DÍA TRAS DÍA":

A mí, peregrino

He aquí que vuelvo a la tranquila plaza:
en tu balcón oscila solitaria
la bandera de fiesta ya pasada.
-Regresa -digo. Mas sólo a la edad
que anhela sortilegios burló el eco
de las cuevas de piedra abandonadas.
¡Cuánto ha que no responde lo invisible
si llamo como antaño en el silencio!
Tú ya no estás aquí ni tu saludo
llega a mí, peregrino. Nunca dos
veces el gozo se revela. Extrema
luz sobre el pino que recuerda el mar.
Vana también la imagen de las aguas.

Nuestra tierra está lejos, en el sur,
de luto y lágrimas caliente. allí,
hablan, con negros chales
mujeres de la muerte a media voz,
en la puerta de la casa.

* * * * *

Carta

Este silencio quieto en las calles,
este viento indolente, que se desliza
bajo entre las hojas muertas o asciende
hacia los colores de las insignias extranjeras...
tal vez el ansia de decirte una palabra
antes de que se cierre de nuevo el cielo
sobre otro día, tal vez la inercia,
nuestro mal más vil... La vida
no está en este tremendo, oscuro, latir
del corazón, no es piedad, no es más
que un juego de la sangre donde la muerte
está en flor. Oh mi dulce gacela,
te recuerdo aquel geranio encendido
sobre un muro acribillado de metralla.
¿O ahora ni siquiera la muerte consuela
ya a los vivos, la muerte por amor?

* * * * *

Elegía

Gélida mensajera de la noche,
has regresado limpia a los balcones
de las casas destruidas e iluminas
tumbas ignotas, desolados restos
de la tierra humeante, aquí reposa
nuestro sueño. Y te vuelves solitaria
hacia el norte, donde todo corre
sin luz hacia la muerte, y tú resistes.

* * * * *

Nieve

Cae la noche: de nuevo nos dejáis,
oh imágenes queridas de la tierra, árboles,
animales, pobre gente encerrada
en los capotes de los soldados, madres
de vientre aridecido por las lágrimas.
Y la nieve nos ilumina desde los prados
cual luna. Oh, estos muertos. Golpead
en la frente, golpead hasta el corazón.
Que grite al menos alguien en el silencio,
en este blanco cerco de enterrados.

* * * * *

Se oye de nuevo el mar

Desde hace muchas noches se oye de nuevo el mar,
leve, arriba y abajo, sobre la arena lisa.
Eco de una voz encerrada en la mente
que resurge del tiempo; y también este
lamento asiduo de gaviotas, o
pájaros de las torres, que abril
empuja hacia la llanura. Ya
estabas junto a mí con esa voz;
y quisiera que a ti también llegase,
ahora, de mí un eco de memoria,
como ese oscuro murmurar del mar.







DE "LA VIDA NO ES SUEÑO":


Color de lluvia y de hierro

Decías: muerte silencio soledad;
como amor, vida. Palabras
de nuestras provisorias imágenes.
Y el viento se ha alzado leve cada mañana
y el tiempo color de lluvia y de hierro
ha pasado sobre las piedras,
sobre nuestro cerrado zumbido de malditos.
La verdad todavía está lejos.
Y dime, hombre quebrantado en la cruz,
y tú, el de las manos hinchadas de sangre,
¿qué le contestaré a los que preguntan?
Ahora, ahora: antes de que más silencio
entre en los ojos, antes de que más viento
se alce y más herrumbre florezca.

* * * * *

Epitafio para Bice Donetti

Con los ojos hacia la lluvia y los elfos de la noche,
está allí, en el campo número quince, en Musocco,
la mujer emiliana que yo amé
en el tiempo triste de la juventud.
hace poco fue sorprendida por la muerte
mientras miraba tranquila el viento del otoño
agitar las ramas de los plátanos y la shojas
desde su gris casa de la periferia.
su rostro aún está vivo de sorpresa,
como sin duda lo estuvo en la infancia, deslumbrado
por el tragallamas alto sobre el carromato.
Oh tú, que pasas, empujado por otros muertos,
ante la fosa mil ciento sesenta,
deténte un minuto a saludar
a la que nunca se lamentó del hombre
que aquí queda, odiado, con sus versos,
uno de tantos, obrero de sueños.







DE "VISIBLE, INVISIBLE":

La tierra incomparable

Hace tiempo que te debo palabras de amor:
o tal vez sean las que cada día
huyen deprisa apenas pronunciadas
y la memoria las teme, que transforma
los signos inevitables en diálogo
enemigo enconado del alma. Tal vez
el rumor de la mente no deja oír
mis palabras de amor o el miedo
al eco arbitrario que desenfoca
la imagen más débil de un sonido
afectuoso: o tocan la invisible
ironía, su naturaleza de hoz
o mi vida ya cercada, amor .
O tal vez sea el color que las deslumbra
si chocan con la luz
del tiempo que vendrá a ti cuando el mío
no pueda ya llamar amor oscuro
amor ya llorando
la belleza, la ruptura impetuosa
con la tierra incomparable, amor.

* * * * *

Visible, invisible

Visible, invisible
el carretero en el horizonte
entre los brazos del camino llama
contesta a la voz de las islas.
Tampoco yo voy a la deriva,
en torno gira el mundo, leo
mi historia como guardián nocturno
en las horas de lluvia. El secreto tiene márgenes
felices, estratagemas, atracciones difíciles.
Mi vida, habitantes crueles y sonrientes
de mis caminos, de mis paisajes,
no tiene manijas en las puertas.
No me preparo para la muerte,
conozco el principio de las cosas,
el fin es una superficie por la que viaja
el invasor de mi sombra.
Yo no conozco las sombras.







DE "DAR Y TENER":

Dar y tener

Nada me das, no das nada,
tú que me escuchas. La sangre
de las guerras se ha secado,
el desprecio es un deseo puro
y no provoca un gesto
de un pensamiento humano,
fuera de la hora de la piedad.
Dar y tener. En mi voz
hayal menos un signo
de geometría viva,
en la tuya, una caracola
muerta con lamentos fúnebres.

* * * * *

No he perdido nada

Todavía estoy aquí, el sol gira
a mis espaldas como un halcón y la tierra
repite mi voz en la tuya.
Y recomienza el tiempo visible
en el ojo que redescubre la luz.
No he perdido nada.
Perder es ir al otro lado
de un diagrama del cielo
por movimientos de sueños, un río
lleno de hojas.







OTROS POEMAS:

ÁRBOL

De ti una sombra se desprende
que la mía muerta parece
si al movimiento oscila
o rompe azulinas aguas frescas
a orillas del Ánapo, al que vuelvo esta noche
en que marzo lunar me incitó,
rico ya de alas y de hierbas.

No sólo de sombra vivo,
que tierra y sol y dulce don de agua
nuevos follajes te dieron
en tanto yo me inclino y seco
palpo en mi rostro tu corteza.







CAÍDA ENTRE LAS FLORES

Se adivinaba la estación oculta
en la ansiedad de la nocturna lluvia,
en el vaivén celeste de las nubes
como ligeras cunas ondulantes...
Había muerto YO.

Una ciudad suspensa entre los aires
era mi exilio último;
en derredor sentía la llamada
de süaves mujeres de otros días;
la Madre a quien los años juvenecen,
tomando la más blanca de las rosas,
con dulce mano la dejó en mis sienes.

Fuera de la ciudad era la noche...
Los astros recorrían
curvas de oro en sus ignotos rumbos;
todas las cosas, vueltas fugitivas,
lleváronme a sus ángulos secretos
para contarme de jardines
de par en par abiertos,
y del sentido exacto de las vidas.

Yo, en tanto, padecía con inmobles
ojos viendo la última sonrisa
de una mujer cafda entre las flores.

Versión de Carlos López Narváez







CARTA A LA MADRE

"Mater dulcíssima, ahora se levantan la nubes,
el Navío topa confusamente contra los diques,
los árboles se hinchan de agua, arden de nieve;
no estoy triste en el Norte; no estoy en paz
conmigo mismo, pero no espero
el perdón de ninguno; muchos me deben lágrimas
de hombre a hombre. Sé que no estás bien, que vives
como todas la madres de los poetas, pobre
y según la medida de amor
por los hijos lejanos. Hoy, soy yo
quien te escribe" .Finalmente, dirás dos palabras
sobre aquel muchacho que huyó de noche con su chaquetilla
y algunos versos en el bolsillo. Pobre, tan impetuoso
lo matarán algún día en algún lugar.
"Cierto, recuerdo, fue en aquella escalerilla gris
de los lentos trenes que llevaban almendras y naranjas
a la boca del Imera, el río lleno de urracas,
de sal de eucaliptus. Pero ahora te agradezco,
-sólo esto quiero- con la misma ironía que pusiste
en mis labios, igual a la tuya.

Esa sonrisa me ha salvado de llantos y dolores.
No importa si ahora tengo alguna lágrima por ti,
por todos aquellos, que como tú esperan
y no saben qué. Ah, amable muerte,
no toquéis el reloj de cocina que golpea en el muro:
toda mi infancia ha pasado en el esmalte
de su esfera, en sus flores pintados;
no toquéis las manos, el corazón de los viejos.
es, Pero tal vez alguno responde. Ah, muerte piadosa,
muerte pudorosa,
Adiós, amada adiós dulcíssima mater".

Versión de Fernando Pezoa







CIUDAD MUERTA

Inútilmente, ¡oh manos!
removéis bajo el polvo:
la ciudad está muerta.

Sobre el Naviglio
todos oyeron el zumbar siniestro.
El ruiseñor en cuyo arpegio
se anunciaba el tramonto
cayó desde la antena del convento.

A qué buscar el pozo
si ya no tienen sed los vivos...
A qué palpar sus cuerpos
hinchados y rojizos:
dejadlos en su suelo;
dejadlos en su sitio,
que la ciudad ha muerto...

Versión de Carlos López Narváez







LA LLUVIA

He aquí la lluvia:
los aires callados remece,
y las golondrinas
-gaviotas de mínimos peces-
las aguas oscuras, tranquilas,
rizan en los lagos.
Un olor de heno
satura recintos y campos.

Y el año se va
sin dar un lamento,
ni lanzar un grito,
que un día más
pudiera ganar de improviso.

Versión de Carlos López Narváez







LA NOCHE SE VA

Ha muerto la Noche; la Luna
lentamente en el cielo se esfuma
y se deslíe sobre los canales.

Septiembre aún impera
sobre esta tierra de llanura;
los prados tienen la verdura
de los valles del sur en primavera.

Los compañeros he dejado;
el corazón entre los viejos muros,
he ocultado:
mi soledad se queda a recordarte!...

Pero despunta el día;
ya en las praderas
bate el pisar de los caballos.

TÚ también, más distante que la Luna,
vas por la lejanía.

Versión de Carlos López Narváez







NINGUNO

Tal vez soy un niño:
los muertos le causan pavura.
Sin embargo, a la muerte le clama
soltarlo de toda criatura
-niño, árbol, bestezuela-
de tantas cosas en que pulsan
corazones roídos de tristeza.

Es que no tiene ya qué dar
y las calles oscuras están,
y no encuentra, Señor, ser alguno
que logre, a tu vera,
ponerlo a sollozar.

Versión de Carlos López Narváez







REFUGIO

Al borde del tajo
se retuerce un pino
suspenso: curvado
cual una ballesta,
parece escrutar el abismo.

Las aves nocturnas
lo tienen de asilo;
y en horas profundas,
alas que se abaten
conturban el aire dormido.

Corazón en sombra:
suspenso tu nido
de una voz remota,
te pasas lo noche en atisbo.

Versión de Carlos López Narváez







Y SÚBITO LA NOCHE

Hendido por un rayo de sol
todo hombre está solo
sobre el corazón de la tierra;
de pronto,
la noche que cierra.

Versión de Carlos López Narváez







Y TU VESTIDURA ES BLANCA

Tienes la cabeza inclinada y me miras,
y tu vestidura es blanca,
y un seno asoma por el encaje
suelto sobre el hombro izquierdo.
Me rebasa la luz; tiembla
y toca tus brazos desnudos.
Vuelvo a verte. Palabras
cerradas y rápidas decías,
que ponían corazón
en el peso de una vida
que sabía de circo.
Profundo el camino
sobre el que descendía el viento
ciertas noches de marzo
y nos despertaba desconocidos
como la primera vez.










sábado, 4 de abril de 2009

Martin Luther King





O famoso discurso proferido nos degraus do Lincoln Memorial, conhecido como EU TENHO UM SONHO (**)











Enviado por Leninha. CORTESIA DE BLOCOS ONLINE

http://www.blocosonline.com.br/


A 4 de abril de 1968: Morre assassinado Martin Luther King, leia o seu famoso discurso.




Estou contente por juntar-me a vós hoje, o dia que entrará para a história como o da maior manifestação pela liberdade na história da nossa nação.

Há cem anos, um grande americano, sob cuja sombra simbólica nos encontramos, assinava a Proclamação da Emancipação. Esse decreto fundamental foi como um raio de luz de esperança para milhões de escravos negros que tinham sido marcados a ferro nas chamas de uma vergonhosa injustiça. Veio como uma aurora feliz para terminar a longa noite do cativeiro. Mas, cem anos mais tarde, devemos enfrentar a realidade trágica de que o Negro ainda não é livre.

Cem anos mais tarde, a vida do Negro é ainda lamentavelmente dilacerada pelas algemas da segregação e pelas correntes da discriminação. Cem anos mais tarde, o Negro continua a viver numa ilha isolada de pobreza, no meio de um vasto oceano de prosperidade material. Cem anos mais tarde, o Negro ainda definha nas margens da sociedade americana, estando exilado na sua própria terra.

Por isso, encontramo-nos aqui hoje para dramaticamente mostrarmos esta extraordinária condição. Num certo sentido, viemos à capital do nosso país para descontar um cheque. Quando os arquitectos da nossa república escreveram as magníficas palavras da Constituição e da Declaração de independência, estavam a assinar uma promissória de que cada cidadão americano se tornaria herdeiro.

Este documento era uma promessa de que todos os homens veriam garantidos os direitos inalienáveis à vida, à liberdade e à procura da felicidade. É óbvio que a América ainda hoje não pagou tal promissória no que concerne aos seus cidadãos de cor. Em vez de honrar este compromisso sagrado, a América deu ao Negro um cheque sem cobertura; um cheque que foi devolvido com a seguinte inscrição: "saldo insuficiente". Porém nós recusamo-nos a aceitar a ideia de que o banco da justiça esteja falido. Recusamo-nos a acreditar que não exista dinheiro suficiente nos grandes cofres de oportunidades deste país.

Por isso viemos aqui cobrar este cheque – um cheque que nos dará quando o recebermos as riquezas da liberdade e a segurança da justiça. Também viemos a este lugar sagrado para lembrar à América da clara urgência do agora. Não é o momento de se dedicar à luxúria do adiamento, nem para se tomar a pílula tranquilizante do gradualismo. Agora é tempo de tornar reais as promessas da Democracia. Agora é o tempo de sairmos do vale escuro e desolado da segregação para o iluminado caminho da justiça racial. Agora é tempo de abrir as portas da oportunidade para todos os filhos de Deus. Agora é tempo para retirar o nosso país das areias movediças da injustiça racial para a rocha sólida da fraternidade.

Seria fatal para a nação não levar a sério a urgência do momento e subestimar a determinação do Negro. Este sufocante Verão do legítimo descontentamento do Negro não passará até que chegue o revigorante Outono da liberdade e igualdade. 1963 não é um fim, mas um começo. Aqueles que crêem que o Negro precisava só de desabafar, e que a partir de agora ficará sossegado, irão acordar sobressaltados se o País regressar à sua vida de sempre. Não haverá tranquilidade nem descanso na América até que o Negro tenha garantido todos os seus direitos de cidadania.

Os turbilhões da revolta continuarão a sacudir as fundações do nosso País até que desponte o luminoso dia da justiça. Existe algo, porém, que devo dizer ao meu povo que se encontra no caloroso limiar que conduz ao palácio da justiça. No percurso de ganharmos o nosso legítimo lugar não devemos ser culpados de actos errados. Não tentemos satisfazer a sede de liberdade bebendo da taça da amargura e do ódio.

Temos de conduzir a nossa luta sempre no nível elevado da dignidade e disciplina. Não devemos deixar que o nosso protesto realizado de uma forma criativa degenere na violência física. Teremos de nos erguer uma e outra vez às alturas majestosas para enfrentar a força física com a força da consciência.

Esta maravilhosa nova militância que envolveu a comunidade negra não nos deve levar a desconfiar de todas as pessoas brancas, pois muitos dos nossos irmãos brancos, como é claro pela sua presença aqui, hoje, estão conscientes de que os seus destinos estão ligados ao nosso destino, e que a sua liberdade está intrinsecamente ligada à nossa liberdade.

Não podemos caminhar sozinhos. À medida que caminhamos, devemos assumir o compromisso de marcharmos em frente. Não podemos retroceder. Há quem pergunte aos defensores dos direitos civis: "Quando é que ficarão satisfeitos?" Não estaremos satisfeitos enquanto o Negro for vítima dos incontáveis horrores da brutalidade policial. Não poderemos estar satisfeitos enquanto os nossos corpos, cansados das fadigas da viagem, não conseguirem ter acesso a um lugar de descanso nos motéis das estradas e nos hotéis das cidades. Não poderemos estar satisfeitos enquanto a mobilidade fundamental do Negro for passar de um gueto pequeno para um maior. Nunca poderemos estar satisfeitos enquanto um Negro no Mississipi não pode votar e um Negro em Nova Iorque achar que não há nada pelo qual valha a pena votar. Não, não, não estamos satisfeitos, e só ficaremos satisfeitos quando a justiça correr como a água e a rectidão como uma poderosa corrente.

Sei muito bem que alguns de vocês chegaram aqui após muitas dificuldades e tribulações. Alguns de vocês saíram recentemente de pequenas celas de prisão. Alguns de vocês vieram de áreas onde a vossa procura da liberdade vos deixou marcas provocadas pelas tempestades da perseguição e sofrimentos provocados pelos ventos da brutalidade policial. Vocês são veteranos do sofrimento criativo. Continuem a trabalhar com a fé de que um sofrimento injusto é redentor.

Voltem para o Mississipi, voltem para o Alabama, voltem para a Carolina do Sul, voltem para a Geórgia, voltem para a Luisiana, voltem para as bairros de lata e para os guetos das nossas modernas cidades, sabendo que, de alguma forma, esta situação pode e será alterada. Não nos embrenhemos no vale do desespero.

Digo-lhes, hoje, meus amigos, que apesar das dificuldades e frustrações do momento, ainda tenho um sonho. É um sonho profundamente enraizado no sonho americano.

Tenho um sonho que um dia esta nação levantar-se-á e viverá o verdadeiro significado da sua crença: "Consideramos estas verdades como evidentes por si mesmas, que todos os homens são criados iguais".

Tenho um sonho que um dia nas montanhas rubras da Geórgia os filhos de antigos escravos e os filhos de antigos proprietários de escravos poderão sentar-se à mesa da fraternidade.

Tenho um sonho que um dia o estado do Mississipi, um estado deserto, sufocado pelo calor da injustiça e da opressão, será transformado num oásis de liberdade e justiça.

Tenho um sonho que meus quatro pequenos filhos viverão um dia numa nação onde não serão julgados pela cor da sua pele, mas pela qualidade do seu carácter.

Tenho um sonho, hoje.

Tenho um sonho que um dia o estado de Alabama, com os seus racistas malignos, cujos lábios do governador actualmente pronunciam palavras de recusa, seja transformado numa condição onde pequenos rapazes negros, e raparigas negras, possam dar-se as mãos com outros pequenos rapazes brancos, e raparigas brancas, caminhando juntos, lado a lado, como irmãos e irmãs.

Tenho um sonho, hoje.

Tenho um sonho que um dia todo os vales serão elevados, todas as montanhas e encostas serão niveladas, os lugares ásperos serão polidos, e os lugares tortuosos serão endireitados, e a glória do Senhor será revelada, e todos os seres a verão, conjuntamente.

Esta é nossa esperança. Esta é a fé com a qual regresso ao Sul. Com esta fé seremos capazes de retirar da montanha do desespero uma pedra de esperança. Com esta fé poderemos transformar as dissonantes discórdias de nossa nação numa bonita e harmoniosa sinfonia de fraternidade. Com esta fé poderemos trabalhar juntos, rezar juntos, lutar juntos, ir para a prisão juntos, ficarmos juntos em posição de sentido pela liberdade, sabendo que um dia seremos livres.

Esse será o dia quando todos os filhos de Deus poderão cantar com um novo significado: "O meu país é teu, doce terra de liberdade, de ti eu canto. Terra onde morreram os meus pais, terra do orgulho dos peregrinos, que de cada localidade ressoe a liberdade".

E se a América quiser ser uma grande nação isto tem que se tornar realidade. Que a liberdade ressoe então dos prodigiosos cabeços do Novo Hampshire. Que a liberdade ressoe das poderosas montanhas de Nova Iorque. Que a liberdade ressoe dos elevados Alleghenies da Pensilvania!

Que a liberdade ressoe dos cumes cobertos de neve das montanhas Rochosas do Colorado!

Que a liberdade ressoe dos picos curvos da Califórnia!

Mas não só isso; que a liberdade ressoe da Montanha de Pedra da Geórgia!

Que a liberdade ressoe da Montanha Lookout do Tennessee!

Que a liberdade ressoe de cada Montanha e de cada pequena elevação do Mississipi.

Que de cada localidade, a liberdade ressoe.

Quando permitirmos que a liberdade ressoe, quando a deixarmos ressoar de cada vila e cada aldeia, de cada estado e de cada cidade, seremos capazes de apressar o dia em que todos os filhos de Deus, negros e brancos, judeus e gentios, protestantes e católicos, poderão dar-se as mãos e cantar as palavras da antiga canção negra:

"Liberdade finalmente! Liberdade finalmente! Louvado seja Deus, Todo Poderoso, estamos livres, finalmente!"

Martin Luther King


Enviado por Leninha

http://www.blocosonline.com.br/
__________________
(**) Discurso proferido nos degraus do Lincoln Memorial, em Washington (na Marcha para Washington), a 28 de agosto de 1963
Fonte: http://www.palmares.gov.br/

quinta-feira, 12 de março de 2009

Gabriela Mistral (1889-1957)












Dá-me tua mão


Gabriela Mistral (1889-1957)

Dá-me tua mão e dançaremos;
dá-me tua mão e me amarás.
Uma flor única seremos,
uma só flor, e nada mais.

O mesmo verso cantaremos,
ao mesmo passo bailarás;
como uma espiga ondularemos,
como uma espiga, e nada mais.

Te chamas Rosa e eu Esperança,
porém teu nome esquecerás,
porque seremos uma dança
pela colina, e nada mais.

(Trad. Zemaria Pinto)



O pensador de Rodin






Apoiando na mão rugosa o queixo fino,
O Pensador reflete que é carne sem defesa:
Carne da cova, nua em face do destino,
Carne que odeia a morte e tremeu de beleza.

E tremeu de amor toda a primavera ardente,
E hoje, no outono, afoga-se em verdade e tristeza.
O "havemos de morrer" passa-lhe pela mente
Quando no bronze cai a noturna escureza.

E na angústia seus músculos se fendem sofredores.
Sua carne sulcada enche-se de terrores,
Fende-se, como a folha de outono, ao Senhor forte

Que o reclama nos bronzes. Não há árvore torcida
Pelo sol na planície, nem leão de anca ferida,
Crispados como este homem que medita na morte.

(Trad. Manuel Bandeira).


Eu não Sinto a Solidão




É a noite desamparo
das montanhas ao oceano.
Porém eu, a que te ama,
eu não sinto a solidão.
É todo o céu desamparo,
mergulha a lua nas ondas.
Porém eu, a que te embala,
eu não sinto a solidão.
É o mundo desamparo,
triste a carne em abandono
Porém eu, a que te embala,
eu não sinto a solidão.



Ceras Eternas



Ah! nunca mais conhecerá tua boca
a vergonha do beijo que espumava
concupiscência como espessa lava!
Voltam a ser duas pétalas nascentes
impregnadas de novo mel, os lábios
que sonhei inocentes.
Ah! nunca mais conhecerão teus braços
o mundo horrível que em meus dias pôs
escuro horror: o nó de um outro abraço.
Pelo sossego puro
sob a terra ficaram estendidos
já, Deus meu! Seguros.
Agora cegas, nunca mais tuas pupilas
terão um rosto impudente e rubro
de lascívia, nos seus espelhos refletidos!
Benditas ceras fortes,
ceras geladas, ceras eternais
e duras, da morte!
Bendito toque sábio
com que selaram olhos, com que amarraram braços,
com que juntaram lábios!
Benditas ceras!
já não brasa de beijos luxuriosos
que vos quebrem, desgastem ou derretam!




Canção das Meninas Mortas



E essas pobres meninas mortas,
escamoteadas em abril,
as que surgiram e afundaram-se
como nas ondas o delfim?
Onde é que foram e se encontram,
a custo contendo o riso,
ou escondidas esperando
voz de um amante que seguir?
Diluindo-se como desenhos
que deus deixou de colorir,
pouco a pouco afogadas como
em suas fontes um jardim?
À vezes procuram nas águas
ir recompondo seu perfil
e nas carnudas rosas róseas
quase começam a sorrir.
Nos campos elas acomodam
o talhe, o vulto quebradiço.
e quase logram que uma nuvem
lhes dê seu corpo num ardil.
Juntam-se quase as desmembradas,
quase chegam ao sol feliz.
quase desfazem seu trajeto
recordando que eram daqui.
Quase anulam sua traição
e caminham para o redil.
e quase vemos ao crepúsculo
o divino milhão surgir!




O Encontro



Encontrei-o no caminho.
A água não turvou seu sonho,
nem se abriram mais as rosas.
Mas o assombro entrou-me na alma.
E uma pobre mulher tem
o rosto banhado em lágrimas.
Levava um canto ligeiro
sua boca descuidada;
ao olhar-me se tornou
profundo o canto que entoava.
Contemplei a senda, achei-a
estranha, transfigurada.
Tive na alba de diamante
o rosto banhado em lágrimas.
Continuou a andar cantando
e levou os meus olhares.
Então já não foram mais
azuis e esbeltas as salvas.
Que importa! Ficou nos ares
estremecida minha alma.
Ninguém me feriu mas tenho
o rosto banhado em lágrimas.
Essa noite não velou
assim como eu junto à lâmpada;
Longe seu peito de nardo
minha aflição não atinge.
Porém talvez por seu sonho
passe um perfume de acácia,
que uma pobre mulher tem
o rosto banhado em lágrimas.
Ia só e não temia.
Tinha sede e não chorava
Mas desde que o vi passar,
Deus revestiu-me de chagas.
Minha mãe reza por mim
a sua oração confiada.
Mas eu terei para sempre
o rosto banhado em lágrimas.



Ausência
(Tala, 1938)




Se vai de ti meu corpo gota a gota.
Se vai minha cara no óleo surdo;
Se vão minhas mãos em mercúrio solto;
Se vão meus pés em dois tempos de pó.
Se vai minha voz, que te fazia sino
fechada a quanto não somos nós.
Se vão meus gestos, que se enovelam,
em lanças, diante de teus olhos.
E se te vai o olhar que entrega,
quando te olha, o zimbro e o olmo.
Vou-me de ti com teus mesmos alentos:
como umidade de teu corpo evaporo.
Vou-me de ti com vigília e com sono,
e em tua recordação mais fiel já me borro.
e em tua memória volto como esses
que não nasceram nem em planos nem em bosques
Sangue seria e me fosse nas palmas
de teu trabalho e em tua boca de sumo.
Tua entranha fosse e seria queimada
em marchas tuas que nunca mais ouço,
e em tua paixão que retumba na noite,
como demência de mares sós.
Se nos vai tudo, se nos vai tudo!

Tradução - Maria Teresa Almeida Pina



Riqueza



Tenho a fortuna fiel
e a fortuna perdida.
Uma assim como a rosa,
a outra assim como espinho.
Não me prejudicou
o roubo que sofri.
Tenho a fortuna fiel
e a fortuna perdida.
E estou rica de púrpura
e de melancolia.
Como é amada a rosa,
como é amante o espinho!
Tal num duplo contorno
frutas gêmeas unidas,
tenho a fortuna fiel
e a fortuna perdida.
Dois Anjos
Não é um anjo apenas
que me afeiçoa e guia.
Como embalam as duas
orlas ao mar, embalam-me
o anjo que traz o gozo
e o que traz a agonia;
o que tem asas voantes
e o que tem asas fixas.
Eu sei, quando amanhece,
qual vai reger-me o dia,
se o anjo cor de chama,
se o anjo cor de cinza.
E dou-me a eles como
alga às ondas, contrita.
Voaram uma só vez
com asas unidas:
foi o dia do amor,
o da epifania.
Fundiram-se numa asa
as asas inimigas
e apertaram o nó
que junta à morte a vida.




A casa

A mesa, filho, está posta
em brancura quieta de nata,
e em quatro muros que mostram sua cor azul
dando brilhos, a cerâmica.
Este é o sal, este o azeite
e ao centro o Pão que quase fala.
Ouro mais lindo que ouro do Pão
não está nem em fruta nem em retama,
e do seu cheiro de espiga e forno
uma fortuna que nunca sacia.
O partimos, filhinho, juntos,
com dedos duros e palma branda,
e tu o olhas assombrada
de terra preta que dá flor branca.
Abaixada a mão de comer,
que tua mãe também a abaixa.
Os trigos, filho, são do ar,
e são do sol e da enxada;
porém este Pão "cara de Deus"*
não chega as mesas das casas;
e se outras crianças não o tem,
melhor, meu filho, não o tocares,
e não tomá-lo melhor seria
com mão e mão envergonhadas
*No Chile, o povo chama ao pão de "cara de Deus"




Apegado a mim



Floco de lã de minha carne,
que em minha entranha eu teci,
floco de lã friorento,
dorme apegado a mim!
A perdiz dorme no trevo
escutando-o latir:
não te perturbem meus alentos,
dorme apegado a mim!
Ervazinha assustada
assombrada de viver,
não te soltes de meu peito:
dorme apegado a mim!
Eu que tudo o hei perdido
agora tremo de dormir.
Não escorregues de meu braço:
dorme apegado a mim!

Tradução - Maria Teresa Almeida Pina


DESOLACIÓN




La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.

¿A quién podrá llamar la que hasta aquàha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que son míos;
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos,
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos.

Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi vieja madre canta.

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la "noche larga" ahora tan solo empieza.

Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que vine para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales;
¡siempre será su altura bajando de los cielos!

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.




Coisas




Amo as coisas que nunca tive
como as outras que já não tenho;



Eu toco a água silenciosa,
parada em pastos friorentos
que sem um vento tiritava
no horto que era meu horto.



Se a vejo como a via antes,

me vem um estranho pensamento;

e brinco, devagar, com essa água,

qual um peixe ou um mistério.



Penso no início, onde deixei

passos alegres que já não carrego,

e no umbral vejo uma chaga

cheia de musgo e de silêncio.



Me procuro num verso que perdi,
que aos sete anos me disseram.
Era uma mulher fazendo o pão
e eu ainda sua santa boca vejo.



Vem um aroma rompendo em rajadas;
sou muito ditosa, sei o que sinto;
de tão delicado não é aroma,
senão o cheiro das amêndoas.



Me fazem criança, de novo, os sentidos;

busco um nome mas não o encontro,

e cheiro o ar e os lugares,
procurando amêndoas mas não acho...



Há um rio barulhento sempre perto.
Faz quarenta anos que o escuto.
É cantoria no meu sangue
ou bem um ritmo que me deram.



Ou é o rio Elqui de minha infância,
onde em suas águas bóio e me deixo levar.
Nunca o perco; peito a peito, como
duas crianças, nos pertencemos.



Quando sonho com a Cordilheira,
caminho por desfiladeiros,
que vou ouvindo sem parar,

um assobio, quase um juramento.



Vejo à linha do Pacífico,
Golpeando, meu arquipélago,
e de uma ilha só me restou
um cheiro acre de pássaro morto...



Um dorso, um dorso sério e doce,
arremata o sonho que estou tendo.
É o final do meu caminho
e nele descanso quando chego.



É um tronco morto ou é meu pai,
o vago dorso cinzento...
Eu não pergunto, não o incomodo.
Sentindo-o perto, calo e durmo.



Amo uma pedra de Oaxaca
ou Guatemala, sou parecida com ela,
vermelha e séria como minha cara
e cuja abertura me dá alento.



Quando adormeço ela fica nua;
não sei porque eu a persigo.
Acho que nunca a tive
e é o meu sepulcro o que vejo...



Versão e adaptação:

Marilena Trujillo








Cosas





Amo las cosas que nunca tuve
con las otras que ya no tengo;

Yo toco un agua silenciosa,
parada en pastos friolentos,
que sin un viento tiritaba
en el huerto que era mi huerto.

La miro como la miraba;
me da un extraño pensamiento,
y juego, lenta, con esa agua
como con pez o con misterio.

Pienso en umbral donde deje
pasos alegres que ya no llevo,
y en el umbral veo una llaga
llena de musgo y de silencio.

Me busco un verso que he perdido,
que a los siete años me dijeron.
Fue una mujer haciendo el pan
y yo su santa boca veo.

Viene un aroma roto en ráfagas;
soy muy dichosa si lo siento;
de tan delgado no es aroma,
siendo el olor de los almendros.

Me vuelve niño los sentidos;
le busco un nombre y no lo acierto,
y huelo el aire y los lugares
buscando almendros que no encuentro...

Un río suena siempre cerca.
Ha cuarenta años que lo siento.
Es canturía de mi sangre
o bien un ritmo que me dieron.

O el río Elqui de mi infancia
que me repecho y me vadeo.
Nunca lo pierdo; pecho a pecho,
como dos niños, nos tenemos.

Cuando sueño la Cordillera,
camino por desfiladeros,
y voy oyéndoles, sin tregua,
un silbo casi juramento.

Veo al remate del Pacífico
amoratado mi archipiélago,
y de una isla me ha quedado
un olor acre de alción muerto...

Un dorso, un dorso grave y dulce,
remata el sueño que yo sueño.
Es al final de mi camino
y me descanso cuando llego.

Es tronco muerto o es mi padre,
el vago dorso ceniciento.
Yo no pregunto, no lo turbo,
me tiendo junto, callo y duermo.

Amo una piedra de Oaxaca
o Guatemala, a que me acerco,
roja y fija como mi cara
y cuya grieta da un aliento.

Al dormirme queda desnuda;
no se por qué yo la volteo.
Y tal vez nunca la he tenido
y es mi sepulcro lo que veo...








terça-feira, 10 de março de 2009

ERNEST CASSIRER


ERNEST CASSIRER

UMA CHAVE PARA A NATUREZA DO HOMEM: O SíMBOLO

O BIOLOGISTA Johannes von Uexkül1 escreveu um livro em que procede a uma revisão crítica dos princípios da biologia. De acordo com UexküI (NOTA l), a biologia é uma ciência natural, que precisa ser desenvolvida por meio dos métodos empíricos usuais - os da observação 'e experimentação. O pensamento biológico, por outro lado, não pertence ao mesmo tipo do pensamento físico ou do químico. Uexküll é um resoluto campeão do vitalismo, defendendo o princípio da autonomia da vida. A vida é uma realidade final e dependente de si mesma. Não pode ser descrita nem explicada em termos de física ou de química. Partindo deste ponto de vista, Uexküll desenvolve um novo esquema geral de pesquisa biológica. Como filósofo, é idealista ou fenomenalista. Mas seu fenomenalismo não se baseia em considerações metafísicas ou epistemológicas, mas, antes, em princípios empíricos. Como ele assinala, seria de um dogmatismo muito ingênuo a presunção de que existe uma realidade absoluta de coisas, idêntica para todos os seres vivos. A realidade não é uma coisa única e homogênea; imensamente diversificada, possui' tantos padrões e planos diferentes quantos são os organismos diferentes. Todo organismo, por assim dizer, é um ser monadário. Tem um mundo próprio, porque tem uma experiência própria. Os fenômenos que encontramos na vida de certas espécies biológicas não são transferíveis para nenhuma outra espécie. As experiências - e portanto as realidades - de dois organismos diferentes são incomensuráveis entre si. No mundo de uma mosca, diz UexküIl, só encontramos "coisas de moscas"; no mundo de um ouriço do mar só encontramos "coisas de ouriços do mar".
Partindo desta pressuposição geral, Uexküll desenvolve um plano originalíssimo e engenhoso do mundo biológico. Desejando evitar todas as interpretações psicológicas, segue um método inteiramente objetivo ou behaviorista. A única chave para a vida animal nos é proporcionada pelos fatos da anatomia comparada. Se conhecermos a estrutura anatômica de uma espécie animal, possuiremos todos os dados necessários à reconstrução de seu modo especial de experiência. Um estudo cuidadoso da estrutura do corpo animal, do número, da qualidade e da distribuição dos vários órgãos dos sentidos e das condições do sistema nervoso, nos dará uma imagem perfeita do mundo interior e exterior do organismo. Uexküll principia suas investigações com um estudo dos organismos inferiores; estendeu-as gradativamente a todas as formas da vida orgânica. Em certo sentido, recusa-se a falar em formas inferiores ou superiores de vida. A vida é perfeita em toda parte; é idêntica, tanto no menor como no maior dos círculos. Todo organismo, até o mais rudimentar, não só se acha adaptado, num sentido vago (angepasst) ao seu meio, mas também inteiramente coordenado ( eingepasst) com seu ambiente.
De acordo com sua estrutura anatômica, possui certo Merknetz e certo Wirknetz - um sistema receptor e um sistema destinado a responder à estimulação. Sem a cooperação e o equilíbrio destes sistemas o organismo não poderia sobreviver. O sistema receptor, pelo qual uma espécie biológica recebe os estímulos externos e o sistema pelo qual reage a ele estão, em todos os casos, intimamente interligados. São elos da mesma cadeia, descrita por Uexküll como o círculo funcional (Funktionskreis) do animal. (Veja Johannes von Uexktill, Theoretische Biologie (2.' edição, Berlim, 1938); Umwelt und Innenwelt der Tiere 0909; 2.' edição, Berlim, 1921).

Não posso entrar aqui na discussão dos princípios biológicos de UexküIl. Referi-me tão-somente aos seus conceitos e à sua terminologia a fim de formular uma pergunta geral. Será possível utilizar o plano proposto por Uexküll para uma descrição e caracterização do mundo humano? É evidente que este mundo não constitui exceção às regras biológicas que governam a vida de todos os outros organismos. Entretanto, no mundo humano encontramos uma nova característica, que parece ser a marca distintiva da vida humana. O círculo funcional do homem não foi apenas quantitativamente aumentado; sofreu também uma mudança qualitativa. O homem, por assim dizer, descobriu um novo método de adaptar-se ao meio. Entre o sistema receptor e o sistema de reação, que se encontram em todas as espécies animais, encontramos no homem um terceiro elo, que podemos descrever como o sistema simbólico. Esta nova aquisição transforma toda a vida humana. Em confronto com os outros animais, o homem não vive apenas numa realidade mais vasta; vive, por assim dizer, numa nova dimensão da realidade. Existe uma diferença inequívoca entre as reações orgânicas e as respostas humanas. No primeiro caso, a resposta dada a um estímulo exterior é direta e imediata; no segundo, a resposta é diferida. É interrompida e retardada por um lento e complicado processo de pensamento. A primeira vista, este atraso pode parecer uma vantagem. muito discutível. Inúmeros filósofos lançaram advertências contra este pretenso progresso. "L'homme qui médite", diz Rousseau, "est un animal dépravé": não se aprimora, mas se deteriora a natureza humana quando ultrapassa as fronteiras da vida orgânica. Entretanto, não existe remédio contra essa inversão da ordem natural. O homem não pode fugir à própria consecução. Não pode deixar de adotar as condições da própria vida. Já não vive num universo puramente físico, mas num universo simbólico. A linguagem, o mito, a arte e a religião são partes deste universo. São os vários fios que tecem a rede simbólica, a teia emaranhada da experiência humana. Todo o progresso humano no pensamento e na experiência aperfeiçoa e fortalece esta rede. Já não é dado ao homem enfrentar imediatamente a realidade; não pode vê-Ia, por a~sim dizer, face a face. A realidade física parece retroceder proporcionalmente, à medida que avança a atividade simbólica do homem. Em lugar de lidar com as próprias coisas, o homem, em certo sentido, está constantemente conversando consigo mesmo. Envolveu-se por tal maneira em formas lingüísticas, em imagens artísticas, em símbolos míticos ou em ritos religiosos, que não pode ver nem conhecer coisa alguma senão pela interposição desse meio artificial. Tanto na esfera teórica quanto na prática, a situação é a mesma. Nem mesmo nesta última vive o homem num mundo de fatos indisputáveis, ou de acordo com suas necessidades e desejos imediatos. Vive antes no meio de emoções imaginárias, entre esperanças, temores, ilusões e desilusões, em seus sonhos e fantasias. "O que perturba e alarma o homem", diz Epicteto, "não são as coisas, são suas opiniões e fantasias a respeito das coisas".
Do ponto de vista a que acabamos de chegar, podemos corrigir e ampliar a definição clássica do homem. A despeito de todos os esforços do irracionalismo moderno, a definição do homem como animal rationale não perdeu sua força. A racionalidade, com efeito, é uma característica inerente a todas as atividades humanas. A própria mitologia não é, pura e simplesmente, um conjunto vulgar de superstições ou de grosseiras ilusões. Não é puramente caótica, pois possui forma sistemática ou conceitual. (Veja Cassirer, Die Begrittstorm im mythischen Denken (Lipsia, 1921). Mas, por outro lado, fora impossível caracterizar como racional a estrutura do mito. A linguagem foi freqüentemente identificada com a razão, ou com a própria origem da razão. Mas é fácil ver que esta concepção não consegue abarcar todo o campo. É uma pars pro toto; oferece-nos uma parte pelo todo. Pois lado a lado com a linguagem conceitual há a linguagem emocional; lado a lado com a linguagem lógica ou científica há a linguagem da imaginação poética. Em primeiro lugar, a linguagem não expressa pensamentos nem idéias, mas sentimentos e afeições. E até uma religião "dentro dos limites da razão pura", como a concebeu e elaborou Kant, não é mais que uma simples abstração. Transmite apenas a configuração ideal, a sombra de uma genuína e concreta vida religiosa. Os grandes pensadores que definiram o homem como um animal rationale não eram empiristas, nem jamais tentaram oferecer uma explicação empírica da natureza humana. Por meio desta definição, expressavam antes um imperativo moral fundamental. Razão é um termo muito pouco adequado para abranger as formas da vida cultural do homem em toda sua riqueza e variedade. Mas todas estas formas são simbólicas. Portanto, em lugar de definir o homem como um animal rationale, deveríamos defini-Io como um animal symbolicum. Deste modo, podemos designar sua diferença específica, e podemos compreender o novo caminho aberto ao homem: o da civilização.
(1. Veja Cassirer, Die Begrittstorm im mythischen Denken (Lipsia, 1921).

MANUEL MAURICIO DE ALBUQUERQUE



A ESCRAVIDÃO AFRICANA

POR MANUEL MAURICIO DE ALBUQUERQUE

O escravo africano chegava ao Brasil como mercadoria e, como tal, sujeito à conseqüente seleção que o tornava mão-de-obra mais qualificada e, portanto, de maior valor. Sendo portadores de técnicas mais desenvolvidas do que os indígenas, os que resistiam ao alto índice de mortalidade durante as viagens ofereciam condições de sobrevivência física e de rentabilidade muito lucrativas para a classe escravista. Na África, já existiam estruturas sociais onde as forças produtivas haviam alcançado um nível de desenvolvimento capaz de produzir excedentes. Essas organizações sociais onde já se detectavam relações de classe dispunham de força de trabalho mais capacitada a enfrentar o desgaste do trabalho escravo.
A obtenção do escravo na África se fazia, comumente, pela troca com as formações sociais escravistas como os Reinos de Mali e do Congo. Este escravo que resultava de processos repressivos diversos para sua obtenção era transformado em valor de troca como efeito da intervenção comercial e político-militar européia nas formações sociais africanas aliada aos setores dominantes nestas sociedades. No caso das formações sociais que se organizavam feudalmente, como o Daomé e nas de tipo asiático, como o Império de Gana, o intercâmbio com o setor mercantil negreiro estimulou práticas escravistas complementares. A busca de escravos não estava articulada às necessidades produtivas locais, mas sim às relações de intercâmbio. Portanto, os contatos com os comerciantes de escravos e com os agentes político-militares que defendiam os interesses colonialistas determinou uma dominação escravista que favorecia a acumulação de riqueza nos setores dominantes dos sistema feudal e asiático. A posse de escravos disponíveis como mercadoria condicionava a aquisição de produtos estrangeiros, notadamente os tecidos, as miçangas, as armas, as jóias, além do ouro, cobre, algodão, tabaco, cachaça e zinbo ou búzio. Este último, abundante nas praias da Bahia, era exportado para a África onde servia como moeda e objeto religioso.
Também ocorria na África o apresamento direto como o que se praticava no Brasil. Esse processo era mais empregado nos ataques às comunidades primitivas africanas. No entanto, os escravos assim obtidos não eram mercadoria imediatamente exportável, porque a sua rentabilidade apresentava as mesmas desvantagens que a classe proprietária enfrentava na exploração do escravo indígena.
A necessidade de garantir o abastecimento contínuo de força de trabalho escrava principalmente destinada à América, produziu práticas de alianças políticas entre os representantes dos interesses coloniais e os diversos Estados africanos. Esta política africana foi iniciada pelo Reino de Portugal a partir do século XV e tinha como suporte principal a celebração de acordos comerciais e políticos. Estes ajustes, em geral, previam a regularização das trocas mercantis, a permissão para o estabelecimento de feitorias e fortalezas e a liberdade de ação para os missionários catequistas. Um bom exemplo desta política foram as relações estabelecidas com o Reino do Congo e que determinaram sobre esta unidade política africana um amplo processo de dominação colonial. Ainda que, em última instância, os contatos com a África se realizassem sob o controle do Estado Português, a importância crescente da economia brasileira como consumidora de escravos e de outros produtos africanos não tardou a se fazer sentir. O tráfico direto entre os portos negreiros africanos e os receptadores brasileiros passou a assumir uma importância crescente. Mais de uma embaixada vinda da África buscou entendimentos diretos com autoridades sediadas no Brasil, uma delas, a que o Rei do Congo enviou ao Conde de Nassau-Siegen em 1643. Nos séculos segiuntes (1750, 1795 e 1805) chegaram à Bahia com destino a Portugal emissários de soberanos do Daomé, outra importante área escravista.
Aos poucos o monopólio português no tráfico negreiro começou a ser limitado pelas investidas concorrenciais de outros Estados Europeus, notadamente pelos representantes das burguesias comerciais holandesa, inglesa e francesa. A partir do século XVII, as áreas fornecedoras de escravos controladas pela burguesia portuguesa foram se tornando cada vez mais reduzidas, principalmente depois que o asiento negreiro foi concedido pelo Estado Espanhol aos holandeses e mais tarde aos ingleses. Somente Angola e Moçambique permaneceram como centros fornecedores de escravos dominados colonialmente pelo Estado Português.
O recurso à exploração do escravo africano não suscitou as mesmas dúvidas quanto à sua legitimidade como ocorreu em relação às populações indígenas da América. Quando da chegada a Portugal dos primeiros africanos capturados, o Infante D. Henrique reclamou os cativos que lhe cabiam na qualidade de Grão-Mestre da Ordem de Cristo. Na medida em que a importância do trabalhador direto escravo crescia, de início articulado à estrutura econômica das Ilhas do Atlântico e posteriormente à do Brasil, o problema do seu cativeiro legal tornou-se ponto pacífico. Em geral, argumentava- se que era mercadoria estrangeira, adquirida legitimamente a autoridades bárbaras e pagãs que a vendiam em obediência a normas jurídicas próprias. Por isso, o Bispo Azeredo Coutinho, além de invocar as leis portuguesas e as bulas pontifícias, pôde escrever em sua obra, Análise sobre a jurisdição do comércio de resgate. da Costa da África (1808): "OS escravos que se compram na costa da África são homens pretos, nascidos no meio de nações bárbaras e idólatras, condenados pelas leis do seu país à escravidão perpétua e onde as leis não protegem nem mesmo a vida dos inocentes... "
A partir do descobrimento da América aumentou enormemente a busca de escravos africanos, determinando que as diversas burguesias européias procurassem garantir a sua dominância sobre as áreas fornecedoras. Os efeitos dessa dominância sobre as formações sociais africanas cresceram na razão direta em que se processava a sua subordinação a partir da dependência comercial. A demanda contínua de escravos ultrapassou rapidamente a capacidade decisória das autoridades locais cujo campo de autonomia transformou- se, ao se confinar aos limites ditados pelas exigências do tráfico negreiro. A guerra, como solução escravizadora, dimensionou as antigas rivalidades locais imprimindo-lhes uma amplitude destrutiva e acelerada dos contingentes demográficos africanos. Calcula-se que, entre os séculos XVI e XIX, somente para a América viera vinte milhões de escravos constituindo- se essa transferência forçada no exemplo mais importante de emigração compulsória que se conhece. Regiões houve, como em certas áreas de Angola no século XVII, que ficaram reduzidas a virtuais desertos. Ao mesmo tempo, por exemplo, as práticas jurídico-políticas, próprias dessa sociedade articuladas ao comércio de escravos, passaram a ser ajustadas à nova conjuntura, cominando-se a pena de perda da liberdade em grau muito mais extenso do que era previsto pelo direito tradicional antes vigente.
No Brasil, o escravo africano e seus descendentes foram utilizados prioritariamente não apenas nas atividades realizadoras de produtos destinados à exportação, como na agro-manufatura do açúcar, no plantio do algodão, do café, no extrativismo mineral. Foi também a força de trabalho explorada no artesanato, nas manufaturas, na prestação de serviços e, em menor escala, na pecuária. Pode-se, assim, afirmar que o trabalhador escravo de origem africana foi a força de trabalho fundamental até a segunda metade do século XIX, quando se iniciou a transição do Escravismo para o Capitalismo. Diferentemente do que ocorreu com o Indígena, o escravo africano não mereceu a mesma defesa da Igreja. Esta última não apenas o explorou como trabalhador, semelhantemente aos proprietários escravistas leigos, como ainda participou das rendas do comércio negreiro na África. A esse respeito é muito útil a leitura de Relações Raciais no Império Português de Charles Boxer, bem como as informações contidas em Os Jesuítas no Grão-Pará e a História de Antônio Vieira, ambos de João Lúcio de Azevedo. Este pesquisador português oferece material empírico principalmente para a análise da posição dos inacianos em relação à escravidão de africanos.
A esse respeito, o 14.0 Sermão do Rosário, pronunciado por Antônio Vieira, é bem elucidativo. Depois de comparar a atividade dos escravos na produção do açúcar aos padecimentos do Cristo e de equiparar o engenho ao próprio inferno, ele conclui, no entanto, que: "Deveis dar infinitas graças a Deus, por vos haver dado conhecimento de si e por vos haver tirado de vossas terras. onde vossos pais e vós vivíeis como gentios; e vos ter trazido a esta, onde instruídos na fé vi vais como cristãos e vos salveis". Essa mesma peça de oratória nos informa sobre o critério de discriminação racial que presidia a formação das agremiações religiosas. Vieira censura os mulatos por se reunirem na Irmandade de Nossa Senhora de Guadalupe, desprezando a do Rosário organizada por negros.
Devido à importância da exploração do produtor direto escravo, foram raras as manifestações em sua defesa durante a etapa dominada pelas práticas mercantilistas. Um dos poucos exemplos foi o do Pe. Manuel da Rocha, autor do livro Etíope resgatado, sustentado, corrigido, instruído e libertado, publicado em 1757. Os de terminantes econômicos impuseram também, ~m última instância, o abandono das práticas de organização familiar da massa escrava, na medida em que a exigência de um casamento cristão dificultava as operações de compra e venda de que era objeto a propriedade escrava. Mesmo Antonil, um defensor da ordem escravista, censurava a pouca instrução religiosa dos trabalhadores escravos que se limitava a práticas ritualísticas maquinais. O mesmo Autor alude, imprecisamente, à feitiçaria como recurso vindicativo do escravo, informação essa que se constitui em uma das referências mais antigas à manutenção no Brasil de procedimentos religiosos africanos.
Para o Brasil vieram representantes de dois grandes grupos lingüísticos: o sudanês e o banto e, em menor quantidade, os que empregavam o idioma árabe. Dentre as formações sociais sudanesas encontravam- se as que se organizavam nos Estados de Gana e do Mali, ambos fortemente articulados ao intercâmbio transaariano com o Magreb, como fornecedores de ouro, cobre, marfim e escravos. A partir do século XV abriu-se nova rota comercial que unia os diversos Estados-sudaneses à Tunísia e à Líbia atuais. Entre os povos classificados como sudaneses vieram para o Brasil representantes dos contingentes iorubás, gêges, hauçás e minas; dos bantos, foram introduzidos os angolas e cabindas.
Os principais centros receptores e distribuidores de escravos foram Salvador, Recife e Rio de Janeiro. No século XVIII, nada menos de dez mil escravos importados eram considerados indispensáveis às atividades mineradora, agromanufatureira do açúcar e principalmente do cultivo do algodão. O tráfico negreiro recrutava pelo menos vinte embarcações de nacionalidade portuguesa que demandavam, anualmente, aqueles portos brasileiros, em particular o de Salvador. Nessa última cidade desenvolviam- se estaleiros, havia condições técnicas para providenciar reparos aos navios e as plantações do Recôncavo forneciam o tabaco que era valor de troca extremamente valorizado na África.
O Rio de Janeiro teve importância menor, embora desde o século XVII já exportasse escravos para a América Espanhola através de Buenos Aires. No século XVIII, com o ascenso da atividade extrativa mineradora, cresceu a importância regional do Rio de Janeiro que passou a receber e a distribuir escravos para abastecer as necessidades econômicas locais e as que se processavam em Minas Gerais, Goiás e Mato-Grosso.
Originários, em sua maior parte, dos centros fornecedores do litoral africano, os escravos eram negociados por armadores e comerciantes especializados, os pombeiros e taganhões em estreita articulação com os agentes da Fazenda Real localizados em diversos pontos do litoral africano como São João Batista de Ajudá, São Tomé, São Filipe de Benguela, São Paulo de Luanda e outros. No século XVI, domina.ram as remessas de escravos fornecidas pelo chamado ciclo de Guiné, superado nos dois séculos seguintes pelos ciclos de Angola e Congo e o da Costa da Mina, respectivamente. Esse intercâmbio representava uma massa considerável de capital que ao se deslocar favorecia o enriquecimento da burguesia comercial traficante de escravos. Dessa forma, esse setor de classe reforçava a sua dominância sobre os proprietários eScravistas do Brasil, dentro dos objetivos repressivos do Sistema Colonial. Isso produziu reclamações constantes dos prejudicados que muitas vezes chegaram à franca rebeldia como ocorreu com os senhores de engenho do Maranhão ao promoverem a Revolta de Beckman (1684-1685).
A importância do tráfico de escravos africanos constituiu a principal fonte de reprodução dessa força de trabalho.
Com efeito, o período de vida útil do escravo produtor direto era bastante baixo, oscilando em entre se e dez anos,
Segundo Simosem. Certas atividades eram particularmente letais, entre elas o extrativismo do ouro e do diamante, o trabalho nas salinas, nas armações de pesca e de beneficiamento da baleia e nas fases de produção intensiva de açúcar. A alta mortalidade dos escravos diretamente ocupados nas atividades produtivas era ainda aumentada pelo excesso de trabalho, a má alimentação, enfermidades, castigos e outros elementos congêneres. Por outro lado, não havia estímulo ao crescimento vegetativo da população escrava na medida em que tal iniciativa implicava em uma diminuição da exploração do trabalhador direto escravo. Devido às condições em que se desenvolveu a estrutura econômica escravista colonial, o investimento na escrava grávida e na criança escrava era considerado antieconômico em função dos interesses da classe proprietária. Diferente, no entanto, era a situação do escravo prestador de serviços, em particular os que estavam adstritos às lides domésticas e os pretos de ganho, geralmente' trabalhadores urbanos e especializados e cuja atividade era alugada pelos seus proprietários.
O tráfico negreiro constituiu importante fonte de renda para o Estado Absolutista. De início, o comércio de escravos era livre, sujeito apenas a um tributo variável cobrado por cabeça de escravo exportado para o Brasil. Em certos períodos, o Estado monopolizou diretamente o tráfico, como ocorreu a partir da publicação da Carta Régia de 1697, que oficializava essa atividade. Certas companhias de comércio privilegiadas - a do Estado do Maranhão, no século XVII, a do Estado do Grao-Pará e Maranhão e a de Pernambuco e Paraíba no século seguinte - receberam o monopólio do comércio de escravos, limitado a áreas determinadas do Brasil.
Os comerciantes também pagavam impostos ao adquirirem à Fazenda Real escravos desembarcados, o mesmo ocorrendo quando se tratava de trabalhadores transferidos de uma região para outra. Isso aconteceu principalmente na
etapa dominada pelo extrativismo mineral cujas exigências promoveram deslocamentos constantes de escravos do Nordeste e da Bahia para zonas mineradoras. A capitação era o imposto unitário cobrado aos proprietários de acordo com o número de escravos ocupados nas minas de ouro e na extração de diamantes.
O intercâmbio com a África, além de enriquecer a burguesia comercial, promoveu a abertura de mercados para a
produção brasileira ou a que era reexportada através do Brasil. Com isso diminuía a dependência da classe dominante colonial em relação ao principal mercado de consumo que era o europeu.
Quanto à quantidade de escravos importados durante a Etapa Colonial, o que existem são cálculos aproximados,
sujeitos a reservas. A necessidade de escravos era contínua, sobretudo porque o período de vida útil desse trabalhador era inferior às necessidades econômicas, o que implicava numa demanda constante de reposição da força de trabalho. De acordo com Afonso Taunay os números prováveis de escravos africanos, desembarcados na etapa anterior à instalação do Estado Português no Brasil (1808), foram os seguintes:
Século XVI ............ ... 100.000
Século XVII ............ ... 600.000
Século XVIII ............ ... 1.300.000
As duas primeiras cifras correspondem ao desenvolvimento da atividade produtora de açúcar, a que se juntaram, no século XVIII, o extrativismo mineral e o cultivo do algodão, principalmente.
Na Etapa Colonial, a exploração do escravo africano e de seus descendentes nascidos no Brasil, os chamados crioulos, não deixou de desenvolver práticas racistas que discriminavam os negros e os mestiços, mesmo que fossem juridicamente livres. É verdade, no entanto, que a ideologia racista aqui foi menos violenta do que em outras áreas escravistas da América. A mestiçagem se desenvolveu expressivamente e não havia impedimentos legais à compra de liberdade ou alforria, embora essas práticas fossem de iniciativa da classe proprietária.
Negros e mulatos organizavam- se em separado, tanto nas atividades econômicas, como em práticas jurídico-políticas e mesmo nas ideológicas. Essas informações podem ser ilustradas pelo Regimento dos Henriques e pelas Irmandades de Nossa Senhora do Rosário, de São Benedito e outras.
Embora legalizasse as práticas escravistas, o Estado Absolutista Português mais de uma vez legislou no sentido de coibir os maus tratos de que eram vítimas os escravos. Um dos exemplos foi a Carta-Régia de D. Pedro II de Portugal, em 1700, se bem que se possa afirmar que essas medidas tinham alcance e prática muito limitados. As Ordenações Filipinas atribuíam as penas de morte ou de mutilação ao escravo que atacasse o seu proprietário e autorizavam o emprego do açoite como recurso para obter declarações sobre a localização de escravos fugidos.
Durante toda a Etapa Colonial pode-se observar várias práticas de resistência dos escravos. Esses conflitos em geral assumiam formas de solução individual, tais como fugas, suicídio ou assassínio de feitores e de proprietários. Mais importantes foram as revoltas e as fugas coletivas para a formação de quilombos como os do Rio de Janeiro, o da Bahia, o de Palmares, em Alagoas e Pernambuco atuais, todos organizados no século XVII. No século seguinte, entre outros, formaram-se os do Rio das Mortes, em Minas Gerais, e o da Carlota, em Mato Grosso, sendo que a maioria deles foi destruí da por expedições oficiais financiadas direta ou indiretamente pela classe proprietária. Já no início do século XIX, além da formação de novos quilombos, começaram a se registrar rebeliões urbanas, das quais, uma das mais importantes foi a de escravos hauçás que uniu escravos de Salvador e do Recôncavo em 1807.
O chamado sincretismo religioso, conjunto de práticas ideológicas afro-católicas também se constituiu em um recurso de preservação de identidade social, inicialmente limitado aos escravos e depois a seus descendentes inclusive os juridicamente livres. A dominação do Catolicismo que se impunha à população escrava foi por ela reinterpretada numa aparente conversão na qual puderam ser conservados valores e comportamentos originalmente africanos. Nesse sentido, as práticas rituais afro-brasileiras foram um aspecto particular da luta social, de vez que a situação de escravo o impedia de ter condições de resistência legal aos níveis econômico e político. A concentração da resistência ao nível das práticas ideológico-religiosa s adquiriu, assim, enorme importância. O universo ideológico passou a se constituir e a produzir os elementos quase que exclusivos de uma coesão social possível.
A dominância do pensamento religioso pelo seu próprio associacionismo intrínseco facilitava, em certa medida, a superação da permanência das rivalidades que dividiam a população escrava.
Por ser uma forma de resistência limitada e, portanto, menos perigosa para a classe proprietária, as reuniões religiosas sofreram perseguições menos ostensivas, sem deixar por isso de se desenvolverem em semiclandestinidade . O Estado apoiou a Igreja na repressão a essas práticas não-católicas e estimulou a formação de irmandades que incorporavam a população de cor, escrava ou livre, aos quadros sociais controlados oficialmente. Nessas irmandades não somente se mantinham as separações por critérios de cor (negros, mulatos), como por situação jurídica (trabalhadores livres e escravos) e mesmo por lugar de origem na África. Aliás, esse último recurso foi largamente empregado pelas autoridades para impedir sublevações de escravos. A este respeito, o testemunho de Luís dos Santos Vilhena na sua Recopilação de Notícias Soteropolitanas e Brasílicas, datada de 1802, é bastante eloqüente:
"Por outro principio não parece ser muito acerto em política. o tolerar que pelas ruas e terreiros da cidade (do Salvador)
façam multidões de negros de um e outro sexo, os seus batuques bárbaros a toques de muitos e horrorosos atabaques, dançando desonestamente e cantando canções gentílicas, falando línguas diversas e isto, com alaridos tão horrendos e dissonantes que causam medo e estranheza, ainda aos mais afoitos, na ponderação de conseqüências que dali podem provir, atendendo ao já referido número de escravos que há na Bahia. corpo ração temível e digna de bastante atenção, a não intervir a rivalidade que há entre crioulos e os que não o são; assim como entre as diversas nações de que se compõe a escravatura vinda das costas da África."
A advertência de Vilhena foi, posteriormente, bem atendida pela comunicação do 80 Conde dos Arcos, o último Vice-Rei do Estado do Brasil e depois Governador e Capitão-General da Bahia, onde organizou a repressão ao movimento revolucionário pernambucano de 1817:
« o governo... olha para os batuques como para um ato que obriga os negros, insensível e maquinalmente, de oito em oito dias, a renovar as idéias de aversão recíproca que lhes eram naturais e que todavia vão se apagando, pouco a pouco, com a desgraça comum...»
Embora limitadamente, a ideologia liberal-burguesa também contribuiu para a organização da resistência de grupos sociais nos quais se incluíam trabalhadores negros e mestiços, muitos deles escravos. Sua participação pode ser assinalada especialmente na Conspiração Baiana de 1798, cujo caráter mais popular oferece contraste flagrante com as Conspirações Mineira e do Rio de Janeiro e com o movimento revolucionário nordestino de 1817.
Ainda que no projeto contestatório de 1798 dominem as reivindicações que conduzissem à autonomia política da Colônia ou, mais imediatamente, de uma de suas partes, a Capitania da Bahia, já existe a proposta de uma forma efetiva de cidadania. Assim é que se defendem o livre acesso aos empregos, a extinção dos preconceitos raciais e, sem tanta
unidade, a abolição da escravatura. Depondo perante o Tribunal da Relação da Bahia, um dos acusados, Manuel Faustino dos Santos, alcunhado o Lira, declarou que os conspiradores pretendiam instalar:
" . .. um governo de igualdade, entrando nele brancos, pretos e pardos; sem distinção de cores, somente de capacidade para mandar e governar". O mesmo conspirador havia confidenciado a um escravo, Luís da França Pires, também aliciado como conjurado:
«. . que estava projetado um levante nesta Cidade, o qual se executava daí a um ou dois meses, a fim de serem libertos todos os pretos e pardos cativos'. I
Ao lavrar a sentença condenatória, aliás bastante severa no tocante aos escravos, artesãos e soldados, os juízes capitulavam como agravantes:
«. .. as imaginosas vantagens de uma República Democrática, ' onde todos serão iguais, onde os acessos e lugares representativos serão comuns, sem diferença de cor, nem de condição'.»

(in PEQUENA HISTORIA DA FORMACAO SOCIAL BRASILEIRA)

sábado, 28 de fevereiro de 2009

BERNARDINA DE OLIVEIRA

MÃOS AO ALTÍSSIMO






"Uma menina síria de quatro anos teria levantado as mãos para o alto como se estivesse se rendendo ao confundir uma câmera fotográfica como uma arma. A imagem comovente foi compartilhada pela fotojornalista Nadia Abu Shaban no Twitter."

Mãos ao Altíssimo!

BERNARDINA DE OLIVEIRA


"Menina síria!
Olhar que derruba mundo em partes desiguais.
Olhar sábio de cores ingênuas.
Lábios afinados de tristeza,
Mãos sobre cabeça,punhos de anjo forte.
Emolduram homem que foge,
Choro contido
Sangra noite enluarada.

Holofote de longas franjas constrange,
Sopro no curso dos mares,
Desvio no ventre dos rios.
Burburinho nas cidades!

Faces coradas e belas,
Extrema-unção de estrelas ,
Agasalhada  discrição,
Ponto cego no voo da águia ,
Contorcida árvore aprisiona cenário:
Tijolos, saibro e céus.

Insígnia  cravada neste milênio de amarras.
Muito quente! Muito quente! Gritara a vietnamita!

Olhares são flechas,
Olhares são rosas sem espinhos,
Espinhos são olhares dentro de nós,
Estilhaços de cobre e chumbo.

Acendam verdes semáforos!
Curvem-se todos:
- Essa menina precisa passar!"

Bernardina de Oliveira



Bernardina de Oliveira, Mineira. Residente no Rio de Janeiro desde 1960. Professora (Português-Literaturas); Mestre em Comunicação (ECO-UFRJ). Pesquisadora do Patrimônio Imaterial- RJ -(SEC-RJ). Prêmios: Vencedora do V concurso Roquette-Pinto: roteiro para TV; ABL e Folha Dirigida: Tema: “Devemos ver com os olhos livres”(2º lugar). Poemas publicados nas coletâneas “Terça ConVerso no Café”. Livros: Poemas: "Mulher de Pedra" (1998); “Cada um com cada qual” (2000); "Tempo de Ninguém" (2006).

espelho-d'água


homem contemporâneo
deus de alguma coisa
vitrines e aglomerados
íntegro homem de agora
não pergunta nada
não quer saber de mais nada
esgotou-se na fonte
espelho d'água



PRIMEIRA CHUVA DE VERÃO




História desfolhada,

tosca luz na sombra,

primeira chuva de verão.



Corpo esculpido na pedra,

talhados traços.



Cidade desperta

volta às cavernas,
corte nas mãos,

ângulos da mesma vela.






JOGO


Querer o quê?
Olhar entre séculos?

Caminhadas serviram aos reis,
catedrais serviram aos reis,
mausoléus serviram aos reis
e o metrô nem chega ao meu reino!
Ainda me guio pelas estrelas.
Passos não se perdem.

Em verdade há ausência de flores
na praça onde o saxofonista toca a vida,
equilibrado momento de notas e arranjos.

Querer o quê?
Mulher faz o jogo,
homem faz o jogo.

Jaz um hiato
no gramado simétrico
do amor.



TEMPO DE NINGUÉM


Tempo de ninguém,

competente tempo.

Rumo desperto

cruzamento à parte,

volta incompleta.



Amor se desdobra,

hospedeiro amor

das horas todas.



Linha do corpo,

tecida batalha.

aprendiz olha

paisagem de fundo.

Músicas transitam

e o canto das águas

se rende à paixão.



Nem vida nem morte,

coração aos pulos,

tempo de ninguém.








CADA UM COM CADA QUAL


Cada um com cada qual!

Silêncio dos quartos,

três cômodos e quatro solidões...

Saudades se insinuam,

risos quebram silêncio da rua arborizada

corrompendo pedras portuguesas

desalojadas dos mosaicos.

Anjos perambulando entre mortais.

O que há de errado?

Selvagens farejam questões sublimes!

Salvas de prata

recolhem raízes

e vôo de pardais.



Cada um com cada qual

onde o mundo adormece,

acordando sonho das águas,

ócio das insônias!



Cada um com cada qual!












VÔO RASO



Palavra solta

à cata do mundo.

Lasca vermelha da florada.

Desfaz-se parte por parte,

ponto por ponto.



Palavra armada,

incandescente corpo em vôo

nas ruas do Rio



DÁDIVA



Cidade, dama das almas,

mil sonhos e um só parecer.



Trajeto caçador de sombras,

canção fragmentada do amor.



E o olhar não se perde, acostuma.

e a solidão não se finda, associa.



Cidade, dama das vidas:

tudo que quero cabe na concha da sua mão.









AMANTES DA CHUVA



Paisagem

deságua silêncios.

Cheiro de barro nas mãos do artista.

Delicados contornos

quebram rigor da tempestade.

Tudo é neblina!

Nobreza é água livre dos seus cursos.

Espaço clama por plantadores de flores silvestres.

Braços se desfazem das muralhas

no alinhamento das pedras.

Exata dimensão

dos amantes,

dos amantes da chuva.






PELE DE BRIM



Em saber

que também canta

indiferente,

também canta,

canta, canta, canta...

Olhar finito exposto

para essa nova

das janelas

de pássaros de barro

acolhidos sob pele de brim...



Devota rotina

se destaca do luar.

vaidade assim talhada,

arrogante entre azuis

da noite

constrangida

surpreendentemente

entreaberta

ao corpo urbano

do amor.